¡Quítennos el “pretexto”!

Por: Marco Velázquez Cristo.

No es un pretexto, ni siquiera un embargo, es un acto genocida.  

En la guerra mediática que se nos hace, se minimiza el impacto negativo del bloqueo sobre la economía cubana, y se le atribuyen los graves problemas que causa en ella, a presuntos errores de la dirección del país.

La gran prensa subordinada a los intereses imperiales, los sitios anticubanos, sus replicantes internos, académicos que han vendido sus plumas, y otras categorías de traidores y asustadizos del patio, en sus “análisis” y comentarios sobre la situación interna de Cuba y el estado de su economía, dejan de mencionar el bloqueo, o cuando lo hacen, lo transforman en un pretexto que el gobierno supuestamente usa  para justificar el presunto fracaso de sus políticas dirigidas a resolver los problemas que la lastran.

Soslayan de manera consciente que, los impactos dañinos de su recrudecimiento y de la pandemia de Covid19 sobre la economía nacional, así como la crisis generada por esta en la internacional, agravada ahora por lo que acontece en Ucrania, son factores cuya conjunción a conducido a la compleja situación que hoy enfrenta el país. Sus efectos negativos sobre nuestra economía, entorpecen y retardan su progreso, obligándola a funcionar en una situación en extremo desfavorable.

El cerco económico, comercial y financiero que es el bloqueo, resulta en realidad una guerra económica que, sin discusión es el principal obstáculo para nuestro desarrollo.

Todo esto es invisibilizado para tratar de crear la imagen de un sistema fallido.

Decir que los problemas económicos de Cuba son culpa del gobierno, es como ver a una persona ahogándose en una piscina con un bloque de cemento atado a sus pies, y decir que se está ahogando porque no sabe nadar. Hay que quitarle el bloque para ver que sucede.

Rafael Correa.

El que Cuba alcance el socialismo próspero y sostenible al que aspiramos, demostraría que, nuestro sistema es viable, máxime si se considera que, un logro de esa naturaleza, sería alcanzado en un país pequeño, del llamado tercer mundo, sin grandes recursos naturales, por demás bloqueado durante décadas por la mayor potencia económica y militar que ha conocido la humanidad.

Eso sería una derrota moral y política que se esforzará esa decadente potencia hegemónica en evitar. Comprende que debilitaría aún más su ya menguada influencia en el escenario internacional, incluso en países sobre los que tradicionalmente ha mantenido su dominio que, se pudieran ver estimulados a seguir el ejemplo de Cuba.

Por eso el imperio no levanta el bloqueo, ni sus vasallos le exigen que lo haga. Saben que no es un pretexto.

 

 

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