No es lo mismo expresarse en desacuerdo que hacer campañas para que otros también lo hagan

Por: Marco Velázquez Cristo.

Próximamente comenzará el proceso de consulta popular del proyecto del nuevo Código de las Familias, un ejercicio democrático que contribuirá al enriquecimiento y entendimiento del mismo.

En este contexto, anticipando su mala fe al inicio del proceso algunos que se dicen “inclusivos” y “luchadores” por los derechos humanos, se han dado a la tarea de tratar de manipular el contenido e intenciones del mismo, con el propósito de generar estados de opinión contrarios a su aprobación.

Llegado a este punto y para evitar confusiones hay que decir que, una cosa es dar la opinión sobre el proyecto de código, ejerciendo un derecho ciudadano, que además es lo que se busca al someterlo a consulta popular y otra hacer campañas para tratar de construir consensos para oponerse a lo que en él se propone, acto cuestionable, no respaldado por ningún derecho, máxime si proviene de motivaciones espurias que nada tienen que ver con los genuinos intereses del pueblo cubano.

Parafraseando a nuestro poeta nacional Nicolás Guillén, es la pureza de los que se dan golpes en el pecho, y dicen santo, santo, santo, cuando son diablos, diablos, diablos.

Y aunque con lo anterior debe quedar claro a quienes me refiero, explico que, no estoy aludiendo a los que han mostrado dudas, incomprensión, incluso rechazo a determinadas propuestas del nuevo código desde la honestidad, religiosos o no. Dicho esto, continúo.

Los personajes de que hablo, de manera hipócrita y mal intencionada arguyen preceptos morales y religiosos que no respetan, para hacer llamados a la no aprobación del proyecto, incorporando el tema a su agenda política contra el gobierno. Tratan de reducir el análisis y debate de un proyecto tan inclusivo, abarcador  y avanzado al punto en que este propone la aprobación del matrimonio igualitario, sin dejar de mencionar a los que manipulan lo referente a los derechos de los padres sobre sus hijos, algo que hace recordar la mentira que llevó a que entre 1960 y hasta 1962 más de 14 mil niños fueran enviados solos al exterior por sus padres ante el temor de perder la patria potestad en la llamada Operación Peter Pan, una de las acciones más crueles de guerra psicológica que se ha realizado sobre pueblo alguno.

En la Cuba de hoy eso es algo impensable, pero nunca es ocioso recordar la perfidia del adversario.     

Para tratar de sustentar sus posiciones contrarias a la aprobación del matrimonio igualitario y de obtener apoyo a las mismas, interpretan a capricho y descontextualizan el contenido de la Biblia, dotándolo de una radicalidad respecto al tema de la homosexualidad que, según los entendidos no se refleja tácitamente en la misma.

Al respecto el Licenciado en Teología por la Philosophisch – Theologische Hochschule Vallendar de Alemania Alexandre Awi M., Isch en su estudio intitulado, “¿Qué dice la Biblia sobre la homosexualidad?” asegura, lo cito, “Las condenas a lo largo de la Biblia son pocas. La atención ética de la Escritura se centra, por el contrario, en otros problemas como el de la injusticia, la idolatría, e incluso cuando se refiere a los problemas sexuales, otros temas como el adulterio son los que ocupan la atención”.

¿Cuántos de esos falsos puritanos habrán cometido adulterio?

Por su parte el Licenciado en Filología Bíblica por la Universidad Pontificia de Salamanca, Rafael S. V. Rivera plantea que, algunos cristianos y judíos afirman basarse en la Biblia para condenar la homosexualidad soslayando que, cuando el último libro de la Biblia se escribió ni siquiera existía, una palabra para decir homosexual. En su opinión la Biblia se utiliza con frecuencia para justificar ideas preconcebidas no sometidas al menor sentido crítico.

Para el experto un problema que afecta los acercamientos a un texto tan antiguo es el de la comprensión, al que hay que añadir el de la traducción de escritos antiguos a lenguas modernas que reflejan unos esquemas mentales muy distintos. Para él con frecuencia traducción puede querer decir traición.

Algunos estudiosos de la Biblia señalan que, si se van a aplicar rígidamente los preceptos que en ella se expresan, obviando las diferencias de contextos históricos y de esquemas mentales existentes entre el momento en que fue escrita y la  actualidad, entonces, habría que realizar prohibiciones y exigencias que en el siglo XXI resultarían absurdas y humillantes, por ejemplo: en el pasaje de 1 Corintios 14:34 y 35 se dice: “34 Las mujeres guarden silencio en la iglesia, pues no les está permitido hablar sino que estén sumisas, como lo establece la ley. 35 Y si quieren saber algo, que se lo pregunten en casa a sus esposos; porque es indecoroso que una mujer hable en la iglesia”.

Lo anterior no necesita ser comentado, la lógica indica que llevan razón los especialistas que piensan de esa manera. No creo que se pueda negar que, si la Biblia se hubiese escrito en estos tiempos, fuera muy diferente a la que hoy conocemos.

Lo dejo hasta aquí, no es mi interés cuestionar lo que dice la Biblia, solo trato de razonar sobre el tema a partir de lo que plantean sus conocedores. Respeto profundamente a los que profesan su religión acatando con sinceridad sus normas.

En cuanto a la falsa moral de los que se ponen al borde del infarto por lo que propone el nuevo Código de las Familias, vale preguntarles, ¿por qué guardaron silencio cuando Luis Manuel Otero Alcántara realizó uno de sus aberrantes “perfomance” semidesnudo en plena vía pública?, ¿por qué cuando ese mismo personaje en una calle, ante un grupo de ciudadanos entre los que se encontraban menores simuló el acto sexual con otra persona no se manifestaron indignados?

La incoherencia descalifica, la coherencia legitima.

Nota: no menciono a los aludidos para no hacerles el favor de levantar su visibilidad mediática y las de sus nocivas ideas. Ellos saben que es con ellos y con eso tengo bastante.

 

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