Nicaro: Historias que se cuentan y otras que se dejan de contar.


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Por: Ileana González. 

Un artículo sobre Nicaro de una internauta ha despertado las exclamaciones más superlativas en Segunda Cita, en el se narran las supuestas peripecias de un día cualquiera de la vida de una mujer cubana, que nada de particular tiene, otras poseen historias mucho más interesantes, afrontan mayores dificultades pero no las publicitan son modestas y prefieren luchar antes que buscar llamar la atención.

En este caso como se dice en buen cubano ella le hecha un poco de agua a la leche e introduce un poco de melodrama a su escrito para ensalzarlo, realmente, no tiene un salario cercano a los $400,00 pesos MN como dice, es muy superior gana divisas al igual que su esposo, ambos ingenieros trabajan en una entidad dirigida por su madre.

Se refiere a la limitación de las llamadas personales por los teléfonos de su centro de trabajo, la cual magnifica, se puede llamar a las casas sin abusar, el hecho de que ella pueda usar de manera indebida con fines personales la conexión a Internet de una entidad estatal, violando lo establecido demuestra que la exigencia no es tan alta.

Muchos a los que el estado paga sus conexiones a Internet aprovechan esa posibilidad para atacarlo, y si sumáramos todo el dinero que le gastan al país tal vez nos sorprendería el monto del gasto en que se incurre, dinero que podría ser utilizado en bien de la sociedad. Ella gasta pero no ataca.

Lo de tener que viajar 23 KM hasta Mayarí para pagar el PCC, eso solo ocurre si incumple, porque lo cierto es que vienen compañeros del municipio del PCC desde esa ciudad a recoger la cotización en Nicaro, para que no se tenga que dar ese viaje, por lo tanto, otro poco de salsa a lo que escribe.

Es cierto que la escuela que menciona le faltan los bancos para que se sienten los muchachos, pero eso no tiene una repercusión en el proceso docente, en ese lugar se encontraba una filial de la universidad, que se instaló en el lugar gracias a la Revolución.

Habla de las desigualdades que van surgiendo y le molestan, no refiere que ella vive en el mejor barrio de Nicaro, su nombre lo dice todo «El Resplandor», si escuchara esta queja de los que viven en barrios como La Pasa, La Cañona, Santa Rita o La Caballeriza, yo la comprendería y la apoyaría, pero viniendo de ella no. Hay que ser honestos.

Lo demás que escribe es parte del folclor.

Solo he utilizado la información necesaria para demostrar lo banal de una historia que es resaltada e intentada presentar como un poema épico.

Un poco de historia.

Nicaro cuyo nombre inicial fue Lengua de Pájaro por la configuración de la zona geográfica donde esta enclavado, es un pueblo pequeño de la provincia de Holguín, surgido alrededor de una fábrica de níquel antes del triunfo de la Revolución propiedad de una compañía yanqui, luego, del pueblo, pasando a llamarse René Ramos Latour, que cerró sus operaciones a finales del año 2013 por falta de rentabilidad producto de su envejecimiento técnico y de otros factores que no es el objetivo de este post analizar.

Un número de alrededor de 2500 trabajadores fueron protegidos por el estado socialista, no lanzados a la calle como en cualquier otro país, se le buscaron diferentes opciones laborales, muchos trabajan en la hermana República Bolivariana de Venezuela, nadie quedo desamparado a pesar de las limitaciones financieras y de otro tipo que sufre el país. Proceso de reacomodo no exento de problemas y de errores humanos, que no afectó a la compañera ni a su familia.

En Nicaro existen historias que merecen ser contadas, por ejemplo la de Alfredo Rodríguez, conocido por «Fenómeno», compañero ya fallecido de una larga trayectoria revolucionaria, que se empeñó en hacer antes del triunfo de la revolución un parque para los pobladores del humilde barrio de La Pasa, para ello logró que comerciantes de esa época contribuyeran con recursos monetarios, y con el trabajo voluntario de los pobres del lugar lo construyó, hoy todavía existe.

También antes de la alborada del 59, promulgó y participó en la reparación de las escasas escuelitas que existían en esos momentos, elaborando el mismo los bustos de Martí. Luego del triunfo de enero muchas obras de Nicaro tienen algo que agradecerle a Fenómeno, entre ellas el Seminternado Tania la Guerrillera de la construcción del cual fue su máximo impulsor.

Pudiera citar otros ejemplos de innegable valor ético y revolucionario entre ellos, la ejemplar y valiente actitud asumida por las mujeres de Nicaro ante la pretensión del connotado asesino Sosa Blanco de volar los tanques de amoniaco para asfixiar a los pobladores del lugar, previamente el esbirro había mandado a echarse como vacas, así dijo, a los obreros de la fábrica en lo que era el parqueo que quedaba frente a la misma, ellas desafiando la muerte les sacaron el aire a las gomas de los carros de los americanos para que no pudieran salir del pueblo y así evitaron que aquel monstruo consumara sus intenciones.

Merece ser conocido el estoicismo, la creatividad y la dignidad con que el pueblo de Nicaro enfrentó el periodo especial, cuando no tenían apagones sino alumbrones, y la alimentación era muy deficiente, en esas circunstancias inventaron una sopa que llamaron de sopilote que no era más que agua coloreada con pastillas de Robotina y algún pedazo de boniato, al bungo o fungo le pusieron El Zorro porque cuando más faltaba la comida entraba un camión cargado de este plátano y los reanimaba, los químicos de la fabrica ante la falta de jabones, confeccionaban unos que daban una picazón tremenda, pero con ellos se bañaban los obreros y sus familias.

En esa compleja situación los trabajadores en un acto en la fábrica René Ramos Latour, que tuve el privilegio de presenciar, con sus ropas raidas, las botas rotas e inapropiadas para las labores que desempeñaban, gritaban Viva Fidel, Viva la Revolución y sin dramatismos, en sus rostros curtidos se veia la determinacion de resistir y lo hicieron.

Cuando cerró la fábrica, dolió mucho, hubo lagrimas en los ojos de los hombres y mujeres del níquel, quizás algunos confundidos pensaron solo les dolía porque ponía en peligro el sustento de sus familias, no evaluaron el amor que aquellos viejos hierros despertaban en esos seres humanos que impotentes contemplaban su ultimo pitazo.

El golpe psicológico fue brutal, pero no claudicaron, el enemigo creyó llegado el momento de pescar en río revuelto, pero se estrelló contra la dignidad y el patriotismo de los humildes de ese pueblo, que levantaron sus frentes y hasta el día de hoy siguen luchando.

Esas historias son infinitamente más interesantes e inspiradoras, que la de la compañera.

Existen otras como la de Gilberto Rodríguez, al que se conoció por Guaro, la narradora de Segunda Cita nos la podría contar junto a las hazañas de su pueblecito pequeño en tamaño pero grande por el corazón de sus hombres y mujeres, mientras deja que otros cuenten las suyas.

De quien hablo y su familia son revolucionarios, lo afirmo.

 

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