La dignidad del presidente ante la bajeza de nuestros enemigos

Por: Marco Velázquez Cristo.

El valiente pronunciamiento del presidente Miguel Díaz-Canel cargado de decoro, con el cual asumió la responsabilidad de que no hayamos avanzado todo lo que pudimos, en función de alcanzar la anhelada prosperidad para el pueblo cubano, trata de ser aprovechado vilmente por quienes, faltos de la dignidad y la moral que a él le sobra, resultan incapaces de un acto de esa naturaleza.

“El compañero Díaz-Canel no es un improvisado, a lo largo de los años ha demostrado madurez, capacidad de trabajo, solidez ideológica, sensibilidad política, compromiso y fidelidad hacia la Revolución”.

Raúl.

Quienes hoy lo atacan son los mismos que, al comienzo de su mandato le lanzaron flores, pensando erróneamente que lo podrían atraer a sus posiciones y ganarse su reconocimiento con halagos cargados de una hipocresía asqueante. Estúpidamente creyeron que se convertiría en lo que ellos llaman un agente de cambio, y por eso arreciaron sus ataques y acciones de descredito contra la dirección histórica de la Revolución, con la malsana intención de tratar de aprovechar el relevo generacional en su conducción para crear las condiciones que, permitieran el surgimiento de un punto de ruptura que impidiera la continuidad del proceso revolucionario.

“Hay continuidad en la juventud, en las generaciones que estamos ocupando responsabilidades en el Partido, el Gobierno y el Estado”.

Miguel Diaz-Canel.

A las plataformas “independientes” del patio que, respondiendo a intereses foráneos, coincidentes con los suyos propios, participaron activamente en ese deleznable intento mediático de crearle una imagen de una especie de Gorbachov cubano, ante el fracaso de sus trasnochados sueños, les sobrevino la frustración que, se tradujo en un cambio de sus líneas editoriales, las cuales fueron mutando hacia virulentos ataques a su gestión de gobierno y a su decisión de dar continuidad a la obra revolucionaria, dejando ver todo el doblez que encerraban sus antiguas alabanzas, así como la verdad de a quienes responden.

Por su parte los medios anticubanos de Miami ante la fidelidad de nuestro presidente al legado del Comandante en Jefe, a las enseñanzas de Raúl y a los genuinos intereses y aspiraciones del pueblo cubano, reaccionaron con toda la vulgaridad y el odio que llevan en sus entrañas y que los caracteriza, desatando una feroz campaña de descredito contra él y los integrantes de su equipo de gobierno. Se retuercen como fieras heridas.

Pero no podrán con sus mentiras, trato irrespetuoso, ni campañas, minar la confianza del pueblo en ese cubano que, nos representa dignamente y batalla por sacar el país adelante. Él, a pesar de haber realizado un gran esfuerzo por cumplir su cuota de deber, algo que demuestra su accionar incansable en pos de lograr ese estratégico objetivo, se ha hecho una valiente autocritica, al no poder alcanzarlo, asumiendo toda la responsabilidad, sin buscar justificación alguna.

Esa conducta nos obliga moralmente a todos los cubanos que lo acompañamos en tan encomiable tarea a reflexionar sobre, si hemos cumplido o no, la parte del deber que nos toca garantizar, para contribuir a su cumplimiento.  

Gracias presidente por su ejemplo y su gesto que lo enaltece y nos compromete.

“Haga cada uno su parte de deber, y nada podrá vencernos”.

José Martí.

 

 

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