“Ataques sónicos” o mitomanía cargada de maldad de un imperio

Por: Marco Velázquez Cristo.

Como ya es habitual reaparece en el escenario mediático el tema de los “ataques sónicos” coincidiendo con determinadas coyunturas o momentos favorables para Cuba, algo que ya señalamos en otra ocasión y que sugiere que esas “coincidencias” están vinculadas a la intención de nuestros adversarios de entorpecer o disminuir los logros y ventajas que nuestro país pudiera obtener en esas situaciones.

En esta ocasión traen a colación “hechos” presuntamente ocurridos en 2017 en el Hotel Nacional y Capri, reiterándose la recomendación de no hospedarse en ellos, soslayando que, oficiales del FBI en el transcurso de las investigaciones visitaron ambos lugares sin encontrar evidencia de los supuestos “ataques”.

¿Por qué la mención a esos supuestos hechos?

Es conocido que el Hotel Nacional acogerá entre el 5 y el 10 de abril el San Remo Music Awards evento que se realizará por primera vez en Cuba y al cual están empeñados nuestros enemigos en hacer fracasar. Crear una imagen de inseguridad a dicha instalación hotelera es evidentemente parte de las acciones dirigidas a sabotear la realización de ese importante evento cultural, entre las que se incluyen presiones y amenazas a artistas que habían manifestado sus intenciones de participar en el mismo, con lo que han logrado que varios de ellos hayan declinado hacerlo.

Si a lo anterior le agregamos que en la página del Departamento de Estado en su sección de Aviso de Viajes en lo referente a Cuba, se sitúa el Nivel de Riesgo en 4 (muy alto) y se recomienda no viajar a la isla, “alertándose” entre otras cosas sobre una incidencia de la Covid 19 sobredimensionada, desconociendo que, ya Cuba avanza a su control, y se le recuerda a los posibles viajeros que, “numerosos empleados de la Embajada de los Estados Unidos en La Habana sufrieron lesiones demostrables y, en ocasiones, debilitantes durante su servicio en la misma…”; se refuerza la convicción de que, aparejada a las viejas intenciones de no permitir el avance del proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y EE.UU.,  de causarnos daño económico desestimulando las visitas a nuestro país, principalmente de turistas y otras categorías de personas vinculadas a los negocios, no solo de sus nacionales, sino de otras regiones del mundo, también está la ya mencionada de torpedear el San Remo en Cuba.

En este contexto el 20 de enero The New York Times “filtraba” un informe de la CIA en el cual la agencia concluía que, la mayoría de los mil casos denunciados pueden explicarse por causas ambientales, condiciones médicas no diagnosticadas o estrés, más que por una campaña mundial sostenida de una potencia extranjera. Estos resultados fueron cuestionados por las supuestas “victimas” quienes manifestaron su malestar por los mismos.

Apenas transcurridos 14 días de haberse publicado dicho informe ve la luz otro que prácticamente lo contradice, esta vez elaborado por un equipo de expertos de las agencias de inteligencia estadunidenses, en el cual al margen de las habituales especulaciones sobre los posibles causantes de los “eventos de salud” referidos por los funcionarios “afectados”, resalta la afirmación de que, algunos casos son el resultado de la utilización de algún tipo de arma, esto no puede ser visto solo como la mera intención de calmar los ánimos de las presuntas “victimas”, es también el propósito de sustituir la hipótesis por la certeza de que fueron atacadas, lo cual refuerza el mensaje de la supuesta existencia de un clima de inseguridad dentro de nuestro territorio nacional.

El corto periodo de tiempo transcurrido entre informes tan contradictorios es símbolo de la falta de seriedad y objetividad de las “investigaciones” que realizan las autoridades norteamericanas para determinar algo que, sin temor a especular se puede decir que ellos mismos artificialmente han creado.

No es la primera vez que se manifiestan ese tipo de contradicciones incluso entre expertos de una misma institución académica como fue el caso de los científicos de la Universidad de Pensilvania, o las que aparecieron entre artículos publicados en la Revista de la Asociación Médica Estadounidense (JAMA por sus siglas en ingles) que obligó a la prestigiosa publicación a sacar un editorial de corte justificativo.

Se pudiera pensar que es lógico que ocurran ese tipo de situaciones en un proceso investigativo de esas características, pero lo ilógico radica en que académicos de renombre hayan arribado a conclusiones que otros especialistas han desmontado fácilmente demostrando su falta de rigor científico y su carácter sesgado, incluso algunas de las publicaciones cuestionadas han reproducido versiones descabelladas divulgadas por el Departamento de Estado norteamericano, eso ya no resulta digamos que normal para los niveles profesionales de los involucrados.

Vale recordar que el molesto vecino del norte tiene antecedentes de este tipo de veleidades investigativas e informativas, como fue el caso de la “Señal Moscú” en que se pasaron 13 años investigando eventos parecidos a los famosos “ataques acústicos” presuntamente ocurridos en su embajada en la capital de la entonces URSS. En el informe que elaboraron de carácter restringido reconocían que no habían encontrado una explicación para las dolencias que manifestaban sus funcionarios, sin embargo, a la prensa se le filtró otra versión relacionada con la detección de microondas que, si podían causar daño a la salud, y que fueron atribuidas a dispositivos de espionaje que los soviéticos dirigían contra su sede diplomática. Cosas del Establishment.

Quizás como ocurrió con la “Señal Moscú” tengamos un final con más preguntas que respuestas para esta enrevesada trama de “ataques” que, más parece responder a un guion de ficción que a hechos que han estado sucediendo en la realidad. Esperemos a ver que deciden los guionistas.

 

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